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Cuentos Eróticos

HISTORIA Y ESPERPENTO DE TIMOTHY, POBRE MUCHACHO A UNA OMINOSA POLLA PEGADO

¿Has visto Fredy? Creo que va cogiendo algo de color.

Si cariño, y a mí me parece que ha movido un dedo.

¿Crees que lo conseguirá?, el seguro nos cubre sólo un mes más. Que Dios nos asista.

- FIN -

LA HISTORIA SABEMOS CÓMO ACABA; PERO ¿NO OS GUSTARÍA SABER CÓMO EMPIEZA Y DE QUÉ DEMONIOS VA LA COSA?

Había nacido entre radiaciones de todo tipo, en Springfield, ciudad mundialmente conocida por su Central nuclear.

Su padre es el ayudante tercero del Jefe de Seguridad de la Central, un tal Homer Simpson, que siempre le encargaba cerrar las válvulas más candentes. Luego se tiraban horas jugando al Monopoly con su jefe y los demás ayudantes en la sala de despresurización, un lugar perfecto para el escaqueo ya que sólo debía pasar por allí el personal a la entrada y salida.

Cada cierto tiempo el jefe le mandaba ir a por chicles, cervezas y donuts y para que no le vieran salir por control le había enseñado un camino a través de los conductos de recuperación de aire radioactivo. Algunas veces ni se ponía el traje especial pues era un estorbo y Homer le decía que no hacía falta ya que él mismo se encargaría, mientras pasaba, de apagar los sistemas de retroventilación para que no hubiera corrientes. Claro que, a veces, se le olvidaba desconectar, y tenía que ir arrastrándose por el tubo ya que la corriente de aire casi le impedía avanzar; pero él era cumplidor y traía los chicles y demás cosas. Llegaba con los pelos de punta y lo que más le fastidiaba era que el Homer y sus amigotes se reían de él a carcajadas. Ja, Ja, ja, era broma, la retroventilación es un sistema automático y no se puede parar a mano; pero no había que preocuparse le decía, la radiación se iba del cuerpo con una caja de cervezas y un ingrediente especial que tiene la pizza de Uncle Carrot Pizza´s Emperor, entonces él se tranquilizaba ya que era su jefe el que se lo decía y pensaba que nadie en su sano juicio pondría a un mentecato de jefe de seguridad.

Su madre es cajera en un supermercado y también una ciudadana normal, tiene depresiones, bebe a escondidas con una amiga que la ponía a parir en cuanto se iba, esconde en su neceser personal una pequeña Smith & Wesson de dos balas más una en la recámara, consume televisión a borbotones y masca varios kilos de chicle al mes, por lo que tiene las mandíbulas muy desarrolladas. Su comida preferida es el pastel de carne con manteca de cacahuete, regado con un buen batido de fresa. Al quedarse embarazada la quitaron de la caja y la pusieron de administrativa en la oficina. Allí es donde cogió la manía de sacarse fotocopias de la cara aplastada en el cristal de la fotocopiadora. La encantaba sentir los fogonazos en la cara y no se preocupaba porque una multinacional norteamericana de la copia había pagado un contraestudio a unos doctores, independientes eso sí, que demostraba que la exposición de las embarazadas a los rayos láser de las fotocopiadoras era incluso beneficioso para el feto.

Así pues, de la unión de estos dos elementos, cargados de isótopos radioactivos nacería él, Timothy o, mejor dicho, nacería una polla con Tim acoplado a ella, pretexto que fue fundamental a la hora de que el registrador lo inscribiera como humano en el Registro Civil.

Su padre al verlo ya descartó dos profesiones para su hijo, bailarín y torero, ya que a la gente y al toro mismo les sería muy difícil concentrarse en otra cosa que no fuera el sobresaliente paquete.

La infancia transcurrió penosamente entre las burlas de los amigos, conocidos y demás conciudadanos. Su madre no encontraba tallas suficientes de pañales en el almacén. Un día preguntó a un representante si fuera posible que le construyeran pañales de ocho o diez tallas más. Le dijo que sí, siempre que el pedido fuera al menos de 80.000 unidades ya que había que amortizar los nuevos diseños, troqueles, moldes y la campaña publicitaria necesaria para cada nuevo lanzamiento; así que se resignó a comprar los pañales para personas mayores con incontinencia, en farmacias de otra ciudad, para evitar más cachondeos.

Y llegó la adolescencia, todo un estallido de las hormonas.

Tim, a veces, más bien con bastante frecuencia, notaba cómo un ligero desasosiego le hacía tener la sensación de agrandamiento de una parte de su cuerpo.

Un buen día, estando con unos amigos de su edad en una caseta abandonada uno de ellos sacó un ejemplar de Penthouse. Todos se arremolinaron alrededor y comenzaron a lanzar exclamaciones y palabras soeces. A uno se le ocurrió la idea de hacerse una paja comunal. Tim no sabía lo que era aquello; pero en el fondo algo le advirtió que era una buena idea. Arrancaron una página cada uno y, bajándose los pantalones se pusieron a desperezar sus respectivas pollitas. Todos habían visto ya el descomunal aparato de Tim pues los subnormales de sus padres, habida cuenta que no podían esconder aquel pedazo de miembro, lo habían mostrado profusa y orgullosamente a todo el mundo, por lo que no hubo exclamaciones por este lado. Le aconsejaron que hiciera lo mismo que los demás.

Rápidamente, y a la vista de aquellas imágenes de tías buenas mostrando sus tetas, culos y chochitos en posiciones insinuantes se fueron levantando las pollitas poniéndose duras y ansiosas. Bueno, todas no tan rápidamente, el pobre Tim agitaba y agitaba, meneaba y meneaba aquel miembrazo; estaba excitado como los demás y le gustaba aquello; pero no se ponía rígido como los demás, "Ello" iba poco a poco. Ya estaban terminando los demás, les veía con la boca abierta y la cara de bobos, mientras él seguía dándole a sus manipulaciones.

De pronto notó como un fuerte estirón, como que se abría una compuerta y una gran tromba de agua lo inundaba todo. Su polla, guiada por una orden secreta y repentina, estaba recibiendo un gran torrente sanguíneo que llenaba todas las cavidades e iba endureciendo a "Ello". Su cerebro, ante el estímulo fuertemente excitante dio la orden y de todo su cuerpo fluyó la sangre en desbandada hacia un mismo destino: "Ello". Tim comenzó a ver borrosas las imágenes de la revista y su mente ya no retenía a aquella chica insinuante; a la vez sentía un cosquilleo en los pies y las manos se le iban quedando frías; pero él seguía con aquel placentero ritmo que había descubierto viendo a los demás. Unos instantes de aceleración instintiva y una sacudida de placer se fue extendiendo desde el epicentro de su miembro al resto del cuerpo para acabar dándole un latigazo inesperado y desconocido en su deshabitada cabeza.

No volvió a ser consciente hasta que sus brutos amigotes le echaron un cubo de agua en la cara. Se había mareado y, poco a poco, entre calambres y sacudidas fue recuperando la consciencia, a medida que todo volvía a sus lugares de origen.

"Ello" estaba recuperando su tamaño anormal. Al cabo de un rato, logró ponerse de pie y comenzó a limpiarse todo aquello que había expulsado en su inconsciencia. De esta manera, entre mareos y pérdidas momentáneas de consciencia fue pasando la adolescencia.

Ya en plena juventud empezó a necesitar más y pensó en tener relaciones con alguna chica; aunque pronto se dio cuenta de que no iba a ser fácil convencer a alguien de que almacenara por un momento a "Ello".

"Ello" era excesivo y ya era conocido en todo el condado; a veces, Tim especulaba sobre si sus antecedentes nucleares tuvieran algo que ver.

Junto con los amigotes había probado en algún club de alterne y lo único que conseguía es que huyeran despavoridas, antes incluso de comenzar el proceso de izada de bandera.

Estaba ya desesperado cuando oyó de una mujer, Tía Mammy, una negraza de grandes tetas que tragaría con todo por la pasta. Rompió su hucha y allá fue con un amigo. En efecto, la negraza, una vez vio lo que había de acoger, estuvo de acuerdo, a un precio bastante elevado eso sí; pero ya estaba decidido, había que probar aquel manjar del que tanto había oído hablar.

Comenzaron los preparativos, ella se quitó la poca ropa que tenía, Tim también. Tumbado en la cama, la negraza con su buen oficio enseguida le puso en orden. Lengua, manos, tetas, todo lo ponía con gran maestría al servicio de un Tim que empezaba a notar la elevación de la temperatura.

Y "Ello" comenzó a responder, cómo no.

Mammy lo trabajaba de maravilla, estaba lubricando aquel miembro como nunca y ella misma se estaba poniendo cachonda. Tim empezaba a notar los síntomas de siempre; pero aquello le gustaba demasiado para parar. Llegó el momento y la intrépida negraza se puso a horcajadas sobre él. Con su mano agarró aquel poste y lo fue deslizando hacia su entrada. ¡Manténlo ahí muchacho! mientras trataba de abrir su sexo lo más posible y en suaves empujones pretendía meterse a "Ello". Poco a poco los esfuerzos de aquella maestra lograban que se fuera introduciendo algo, allí todos sudaban ya cuando, de repente, entró. Mammy lanzó un pequeño quejido y enseguida se puso a maniobrar arriba y abajo ya sin la resistencia del principio. Aquella viga había logrado encajarse y Mammy la estaba dando juego delicioso. ¡Bravo muchacho!, la negraza se estaba ya volviendo loca y disfrutaba de aquella hazaña, mientras Tim...¿Qué ha sido de Tim?

Tim había llegado a notar cómo se introducía casi por completo en aquella hembraza y cómo el balanceo le estaba produciendo gustosas y desconocidas sensaciones; él instintivamente le seguía aquel sabroso ritmo; pero sentía como si, a la vez que se movía, se fuera alejando más y más por un camino placentero donde cada vez era todo más oscuro. De repente ya no sintió nada especial, quizás había llegado a otro mundo.

Ya en éste, Mammy, sudorosa y sofocada por el esfuerzo comenzó a preocuparse un poco, aquel chico no abría los ojos ni decía nada, ni se movía, aunque el hecho era que su aparato estaba totalmente tieso. Le dio unas palmaditas y vio que no reaccionaba. Se sacó aquello asustada y echándose algo por encima salió a llamar al amigo.

Allí estaba Tim, encima de la cama, boca arriba y con "Ello" como un cañón que apuntara hacia el horizonte desde lo alto de las murallas. De nada sirvieron las bofetadas ni el agua que le echaron por encima. Tuvieron que llamar a una ambulancia, su corazón aún latía; aunque no tenía apenas ritmo.

Por alguna extraña razón, quizás las nuevas fuertes sensaciones, la sangre no volvía totalmente al cerebro y otros órganos vitales produciéndose un coma profundo.

36 DÍAS DESPUÉS

The Gedeon And The Twelve Good Angels Memorial Hospital

Comatose´s Section

Full Name: Timothy L. Slattery

Diagnosis: Deep Coma by not sangineous feed-back

Cada semana sus padres le visitaban.

¿Qué ha podido ocurrirle doctor?

Por alguna extraña razón, quizás las nuevas fuertes sensaciones, hemos detectado que la sangre no vuelve totalmente al cerebro y otros órganos vitales, sigue en, ejem.., produciéndose un coma profundo por falta de riego.

A través de la vitrina observan con desesperación cómo en los últimos siete días no había bajado el ángulo de 74º que aún forma "Ello" con la horizontal; pero tienen esperanza.

Vete al principio y verás el final.

Autor: El Trovador de Ojaio

 

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