Entraron
todos juntos, era un sitio extraño, un bar de copas muy iluminado, había
mucha luz, tenía una gran pista central donde había una gran multitud
bailando desenfrenadamente. Marina se dirigió a la barra y pidió
las consumiciones para todos. Allí estaba Álvaro, sentado en un
rincón, vestía un traje negro con una camisa blanca, llevaba el
pelo echado hacia atrás, engominado, brillante. Él se fijó
en ella, la veía por detrás, su culo, ceñido por el pantalón
le atrajo, se acercó a ella y cuando Marina se daba la vuelta le dijo:
-
Quiero hablar contigo, ¿por qué no vienes después de llevar las
bebidas a tus amigos?
Se
lo dijo de una forma fría y misteriosa que le llamó la atención.
Marina había bebido un poco de más y no se acababa de enterar. Fue
al grupo y permeneció unos instantes confusa, sin saber qué hacer.
Se dio la vuelta y allí estaba él, le pareció un hombre atractivo,
sobre todo muy elegante, con mucha clase, no era joven, por lo menos 40 años,
se conservaba bien, delgado y fibroso, se notaba en sus manos, surcadas de venas,
con dedos largos, acabados en uñas grandes, bien formadas y bien recortadas,
perfectamente limpias, fue lo primero que le atrajo de él, sus manos. Sostenía
en la derecha un cigarrillo que chupaba calmadamente, aspirando el humo de forma
profunda y larga. Cuando ella llegó él sonrió y le dijo de
forma amable:
-
Me alegro de que hayas venido, soy Álvaro y quiero hablarte sin rodeos,
de forma clara de lo que quiero decirte.
-
Yo me llamo Marina y no sé muy bien ni qué quieres ni porqué
estoy aquí hablando contigo.
-
Yo sí lo sé Marina, estás hablando conmigo porque te ha intrigado
mi propuesta y yo me he dirigido hacia ti porque me has resultado muy atractiva.
-
¿Qué te ha llamado la atención para que me abordaras?
-
La verdad es que ha sido tu culo, contarte otra cosa sería mentirte y no
tendría sentido, pero en realidad lo que quiero es que alcancemos mucho
placer juntos. Tú estás ahora acompañada y no es el mejor
momento ni la mejor situación, para que te lo explique todo con detalle,
así que piensa una cosa, si quieres probar a buscar placer, sentirte invadida
de sensaciones carnales maravillosas, llámame mañana – Dijo Álvaro
mientras escribía un número y se lo tendía en un trozo de
papel.
Ella
estaba sorprendida, no sabía qué hacer e iba a hablar cuando él
levantándose le dijo:
Ya
sé que todo esto es muy extraño, pero mañana o el día
que quieras, cuando lo hayas pensado, si quieres conocer algo nuevo me llamas.
No tienes nada que perder y puedes pasarlo muy bien- Y entonces se marchó
dejándola allí con el número apuntado
Cuando
se despertó, Marina estaba confusa, no sabía si todo lo había
soñado o había ocurrido realmente. Pero allí estaba el número
de teléfono en su cartera.
No
pudo dejar de pensar en ello y por la tarde decidió llamar al teléfono.
Álvaro descolgó el auricular y tras presentarse le dijo:
-
Me darás tu dirección de correo electrónico y recibirás
un mensaje con las instrucciones.
Así
ocurrió.
Marina
se encontraba camino de la dirección que le habían dado entre las
instrucciones: Iba vestida según el mensaje le indicaba. Botas de tacón
alto, de cuero, altas y negras. Un vestido rojo, ajustado, no debía llevar
ropa interior y el sexo y todo su cuerpo perfectamente depilado. Como maquillaje,
unicamente una ligera base, los ojos una sombra verde y los labios y las uñas
pintadas de rojo.
Llegó
a la dirección, era una bonita casa independiente a las afueras de la ciudad.
Cruzó la verja y llamó al timbre. Un chico joven, con el pelo muy
corto y vestido con un albornoz salió a recibirla:
-
Soy Marina – Dijo.
-
Mi nombre es Marcos, pasa.
Entraron
en la casa y él la sentó en un banco, mientras le colocaba un antifaz
y le decía:
-
Tranquila, no tengas miedo, ya has dado el paso más importante.
No
podía ver nada y notó cómo unas manos que le parecían
femeninas le agarraban del brazo y una voz le decía con calidez, con dulzura:
- Soy
Marta, relájate y déjate llevar por el placer, no te preocupes.
Se
encontró a sí misma tumbada en lo que parecía una mesa y
notó como algo suave se asía a sus tobillos y sus muñecas,
suave, pero firmemente. Estaba nerviosa, pero a la vez excitada, podía
notar que su entrepierna se humedecía y los pezones comenzaban a marcar
el ajustado vestido.
Marina
sintió entonces cómo se retiraba su antifaz y la mesa giraba hasta
ponerse vertical, con ella atada y bien sujeta. En frente vio a Álvaro,
sólo llevaba una bata de raso brillante negra. A los lados estaban Marta
una chica muy sexy y dulce, con facciones muy suaves, era alta y delgada con los
pechos pequeños y muy firmes, los pezones puntiagudos. Parecía excitada
y debía estarlo, su entrepierna, depilada brillaba, sin duda por el flujo
de su sexo. Tenía el pelo rizado, de color rubio, muy claro. Al otro lado
se encontraba Marcos, también completamente desnudo. Tenía unos
labios carnosos y sensuales y un pecho fuerte, brazos largos y fibrosos, igual
que las piernas y también estaba perfectamente depilado, sin un solo pelo.
Entre la desnudez de su pubis, Marina se fijó en su pene. Estaba totalmente
erecto, era gordo, venoso, un magnífico pene y sobre todo llamaba la atención
por su dureza aparente, la erección tan impresionante que presentaba.
Álvaro
se sentó en un sillón y dijo:
-Podéis
empezar – Seguía con la bata puesta.
Llegó
entonces Marta con un consolador que dejó a los pies de Marina. Se agachó
y comenzó a besar sus pies, pasaba la lengua por ellos, todavía
envueltos en la botas. Marina no podía sentir su lengua de forma directa,
pero le parecía tener la sensación de ser lamida. Marta bajó
la cremallera de una de sus botas y la sacó, entonces quedó el pie
desnudo de Marina, con las uñas perfectamente cuidadas y pintadas según
las instrucciones. Marta se concentró en ese pie, lo recorría de
arriba abajo, lo besaba, chupaba y lamía, metiéndose en la boca
alguno de sus dedos. Mientras Marcos había empezado con la otra pierna
y hacía lo mismo con la bota que restaba puesta. Marina se estaba volviendo
loca, dos hermosos amantes lamiendo sus pies y sus piernas, no creía que
pudiera ser tan placentero. Su sexo estaba chorreante, manaba un flujo que imaginaba
se le escurría por su entrepierna. Al unísono, conjuntados, Marta
y Marcos fuero subiendo por las piernas de Marina, hasta que sus dos lenguas se
encontraron en su rajita. Era maravilloso, notaba las dos lenguas que la lamían
a la vez, mientras Marta y Marcos se besaban, saboreando los flujos de Marina.
La chupaban todo su coño, sentir una lengua en su clítoris y otra
que bajaba por la raja de su sexo y llegaba hasta el agujero anal, era algo sensacional.
Marcos siguió subiendo y ahora sacó sus tetas del vestido y las
besó, lamió pellizcó, subió aún más
y empezó a besar a Marina. No podía más. Mientras, Marta
seguía comiéndose su sexo, besándolo y a la vez penetrando
su coño y su culo alternativamente con los dedos. Marina notó que
se corría, sus espasmos lo anunciaban y empezó a jadear a la vez
que Marcos la besaba y amasaba las tetas. Se corrió, se corrió de
gusto en un orgasmo largo y profundo, prolongado como creía no haberlo
tenido jamás, tras lo que Marcos y Marina se apartaron.
Álvaro
hizo un gesto a la pareja y les dijo:
-
Continuad según lo previsto
Álvaro
había contemplado la escena impasible, sin moverse apenas. Seguía
vestido con la bata. Entonces Marina notó el consolador en su coño.
Le hizo daño al ser penetrada. Estaba muy mojada, pero su coño se
había relajado en exceso tras el orgasmo y además no se lo esperaba,
se había quedado como traspuesta tras aquella sensación tan maravillosa.
Era marta quien se lo había metido, de un solo golpe, sin contemplaciones
y hasta dentro, para luego conectarlo a la máxima vibración. Después
se colocó a gatas, frente a Marina, dando la espalda a Álvaro. Marcos
se acercó por detrás penetrándola con su polla hasta los
huevos. Comenzaron a cabalgar, eran una pareja muy experimentada, muy bien conjuntados,
los dos se movían en una balanceo que los acolaba perfectamente, la polla
de Marcos entraba y salía de aquel excitado coño armónicamente
y ambos movían sus caderas en perfecta compenetración. Era excitante
verlos. La cara de Marcos reflejaba placer. Agarraba la cintura de Marta y se
podía oir el sonido de su polla entrando y saliendo en aquel sexo empapado.
Las tetas de Marta se balanceaban suavemente de un lado a otro.
Marina
estaba totalmente excitada, se estaba poniendo enferma de placer, y pidió:
-
Por favor, Álvaro, ven a follarme, méteme tu polla
Él contestó:
-
Siente el vibrador, siéntelo como si fuera mi polla, nota cómo vibra
y te posee.
De
nuevo era demasiado, más de lo que podía pedir, se volvió
a correr, no podía más y se corrió como una perra en celo.
Marcos
y Marta se acercaron más a ella, para que Marta tras retirarla el vibrador
pudiera alcanzar sus ligaduras y cortarlas con una afilada navaja de afeitar,
mientras seguían jodiendo con maestría, con la intención
de seguir excitando a Marina. Entonces, Álvaro dijo a Marina:
-
Acércate a mí- Y mientras ella llegaba se despojó de la bata
señalándole su pene increíblemente fláccido.
-
Ahora gozaréis los tres de mi, tú debes prepararme
Y
agarró su nuca dirigiéndola a su entrepierna.
Marina
estaba fuera de sí, aunque pareciera imposible, deseaba más. Se
metió aquella polla en la boca arrodillándose frente a Álvaro.
Por fin aquel hombre parecía reaccionar, la notaba crecer, la chupaba en
toda su extensión. Con una mano la recorría en toda su longitud
y con la otra apretaba la bolsa de sus huevos. Era indudable que lo estaba haciendo
estupendamente, aquello había crecido demasiado y pasó de tragarla
entera a sólo poder introducirse el enorme capullo de Álvaro. Éste
había empezado a jadear y gemir notando que estaba a punto por lo que retiró
la cabeza de Marina.
Álvaro
fue directo hacia Marcos y sorprendiendo a Marina, mientras Marcos y Marta seguían
follando, penetró a Marcos mientras se dirigía a Marta:
-
Prepara a Marcos para su final
Marta
sabía dominar su coño, era capaz de contraerlo a voluntad, apretando
el pene de Marcos, era un coño maravilloso que sabía usar a la perfección.
Marcos se había parado, hipnotizado, notaba una polla perforarle el culo
y un coño succionando su polla en un movimiento maravilloso por detrás
y por delante. De pronto dio un cachete en el culo de Marta, era la señal.
Ésta salió y se giró, agarrando a Marina y las dos comenzaron
a chupar la polla de Marcos que no tardó mucho en correrse sobre las dos
bocas que tenía delante notando el falo que le taladraba por detrás.
Salió su semen, a borbotones, caliente y abundante, un líquido espeso
que las dos mujeres lamían golosas, se estrellaba en sus caras y bajaba
por sus tetas. Marcos había tenido su ración de placer maravilloso.
Álvaro
salió de Marcos, era el turno de Marta. Marcos se puso de rodillas frente
a ella y comenzó a besarla, le ofrecía todo su cuerpo, para que
ella dispusiera de él como más le apeteciera. Álvaro indicó
a Marina:
-
Túmbate en el suelo, bajo ella y chupa su sexo. Marina nunca había
probado ningún coño y en una situación normal no lo habría
hecho, pero la excitación le dominaba completamente y no se lo pensó.
Tumbada empezó a lamer el empapado sexo de Marta, muy cerca del orgasmo.
Álvaro ocupó la posición de Marcos y penetró a Marta.
Así estaba ella, siendo penetrada de nuevo a la vez que notaba una lengua
jugosa lamer su clítoris y los labios de vagina abierta por la explosiva
polla que tenía en su interior. Ante su cara se encontraban tanto el coñito
de Marina como la polla de Marcos, dos estupendo juguetes. Marta les tocaba a
los dos, chupaba la polla de Marcos golosamente y frotaba la pipa del coño
de Marina muy suavemente, le excitaba mucho todo el conjunto de sensaciones que
estaba experimentando, tanto que notó que su orgasmo estaba llegando. Álvaro
se dio cuenta y sabía que ese era el momento preciso para empujar con más
fuerza, asió las nalgas de Marta y la penetró salvajemente, sin
dejarla moverse apenas. No pudo más y los gemidos de Marta se tornaron
en gritos que daban muestra del enorme placer que la invadía.
Tras
quedarse satisfechos, Marta, Marina y Marcos, Álvaro salió de aquel
sexo feliz y volvió a sentarse en la silla con la polla enhiesta, erguida,
muy dura. Las dos mujeres se acercaron junto con Marcos y los tres se pusieron
a lamer aquel rabo cuyo dueño había hecho que tuvieran tanto placer.
Era un conjunto de manos y bocas que hacían perder el sentido a Álvaro,
focalizando su placer en su sexo. Era una sensación única dejarse
lamer y tocar por los tres a la vez. Notaba una boca succionando su capullo y
otra que lamía sus huevos, no podía distinguirlos. Tres pares de
manos le acariciaban todo su cuerpo, las piernas, su pecho, los brazos, la zona
accesible de las nalgas...
Notó
que se corría, el semen avanzaba por su falo y salió un chorro que
dirigió sobre sus tres amantes, cayendo por sus caras y sus torsos, quedando
todos sumidos en una placentera sensación.
Marina
supo que había conocido una nueva dimensión de placer.
CONTINUARÁ
Si
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