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Hola soy Hursula, espero que ya me conozcáis, por mi anterior historia (En la piscina y la perra). No me pude aguantar el secreto y se lo conté a mi mejor amigo... me explicó que el había hecho algo parecido con una conocida mía.
Al contarmelo, experimente como me iba poniendo mojada y sin darme cuenta tenia
su mano sobre mi coño, nunca lo habían acariciado así, me
quedé moviéndome encima de sus caricias seguían un ritmo
suave, me puse tan cachonda que mis pezones se endurecieron hasta hacerme sentir
dolor, un dolor Me corrí seis veces en aquel momento y sin saber como ni porqué sentí sus dedos enredándose en mi salvaje y virgen pubis envenenado por los jugos que manaban sin cesar de él, brotaban temblores en mis piernas sudorosas, y al cerrarlas él a su cintura, sentí el calor de su miembro resbalar por mis labios sonrosados. Aquello me hizo gemir aun más aumentando aquel pequeño vultito que me proporcionaba un cosquilleo constante inaguantable de tanto éxtasis, entonces sentí como su cabeza se colocaba locamente entre mis tetas hermosas, mis manos acariciaban histérica sus sienes, deseaba aquel pene que intentaba entrar en mis dulces entrañas. Cuando
entró en mi coñito noté como se me erizaba el cuerpo en plena
tensión , aquella tensión fue transformándose en balanceo
desesperado, me penetraba con tanta fuerza que yo abrazaba y apretaba mi músculo
interior intentando exprimir hasta la última gota de leche, después
de unos instantes no pude aguantar más y estalle en una tormenta de sensaciones
nunca vividas y arrebatadamente salvajes. El estalló en aquel mismo instante,
repartiendo su semen por el vello de aquel coñito rojizo, me quedé
tendida a su lado loca de ganas de seguir aquel juego de placer. Me sentó y comenzó a comerse de nuevo mis jugos mezclados con su leche aun húmeda pues mi sexo pedía más a gritos, llegué otras dos veces mas aullando de gusto como una perra en celo, entonces me sentó a horcajadas sobre él sentí como me movía con aquella verga dentro y como se iba endureciendo dentro de mi, mis caderas y mis muslos frescos cabalgaban alarmantemente y cuando estuvimos a punto de estallar, de nuevo me cogió en brazos, en aquella misma posición y me sentó sobre el banco de la cocina allí me folló como un desesperado y yo parecía fuera de mi... Allí mismo me agarró de las muecas inmovilizándome con una sola mano y con la otra abrió la nevera y sacó un bote de mermelada, me lo extendió con los dedos y acabo con su lengua por mi culo, cosa que me encantó, más tarde explotamos con gritos de dos fieras y allí comenzó mi historia de mujer salvaje. Ya os contaré más, Hursula..
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